
Encuentro Iberoamericano de poetas en México
Francisco Ruiz Udiel
Publicado en El Nuevo Diario de Nicaragua. Sábado 24 de octubre 2009
El poeta mexicano Jorge Fernández Granados (1965) afirma que de pequeño conoció “una especie de vértigo” provocado por la música, y que nacía a la altura del estómago. El autor de “Resurrección” jamás pensó que llegaría a conocer otra clase de vértigo, uno más acogedor: el Encuentro Iberoamericano de Poetas “El vértigo de los aires”, en el cual participaron más de 70 poetas de habla hispana y que recién concluyó el 18 de octubre en la ciudad de México.
En una de las sedes del Encuentro,
El poeta y ensayista mexicano Iván Cruz, miembro directivo del encuentro, y quien estuvo a cargo de propiciar un diálogo con Granados, refiere que el autor de “Los hábitos de la ceniza”, y merecedor del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, es “un referente de los más altos en la poesía mexicana”.
De sí mismo, Granados comenta que busca tocar la identidad del otro a través de “un puñado de vocablos”. Se trata de un poeta que no corrige mucho y tiene absoluta libertad en el proceso creativo y quien, además, no ve la escritura como algo sagrado. Pero sí considera a la poesía como aquello por lo cual la realidad le transmite la posibilidad del asombro.
De su libro “Principio de incertidumbre”, con el que obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer 2008, recitó uno de sus poemas titulado “Fantasmas”, donde invita al lector a aceptar el pasado con dignidad.
Con más de siete libros publicados y con un amplio recorrido que incluye traducciones de su poesía al inglés, francés y chino, el autor de los poemarios “El cristal” y “El arcángel ebrio” visiona al poeta como un hombre de la calle que va arrastrando la bitácora de sus días; al mismo tiempo parafrasea al poeta japonés Matsuo Basho cuando aconseja no seguir los pasos de los antiguos, sino buscar lo que ellos buscaron.
En el vértigo de los aires y en la ingravidez que nos provocan las palabras de Granados, nos aproximamos a la idea de lo que representa la poesía para él: “Lo más cercano que tiene un ateo como yo a la evidencia de Dios”.
Tome nota:
Para conocer más sobre la organización del Encuentro Iberoamericano de Poetas “El vértigo de los aires”, visite el sitio en línea: http://vertigodelosaires.blogspot.com/
POEMAS DE JORGE FERNÁNDEZ GRANADOS
(a mi madre: hoy soñé que la escalera se caía a pedazos)
Para conversar, tal vez, contigo
reviso la transparencia
de un viejo lenguaje
con un ánimo pausado, esa hora
donde todo guarda silencio
para oírte.
Para reunirme contigo
donde creo adivinarte, discreta
y puntual, cruel -no sé
si aún tengo en mi cabeza
una esquirla del sueño
donde hablabas
desde la penumbra de una escalera
en la que ahora sólo escucho tu voz
y creo, muy lentamente,
que subo.
Nunca supe quién eras;
pero dentro de mí, un rostro
dormía, leve, elusivo
y me ayudó a vivir
mientras mi cuerpo escalaba
esos oscuros peldaños de piedra.
Aún oigo esa voz en mi desafinada
alegría. Y amaneces
como entonces, humilde, aérea.
Me despiertas. Recuperas
las edades herrumbradas de la risa.
Tu presencia
ha sido el extraño argumento de mi vida.
Sólo tu voz sin rostro
llamándome en la oscuridad
de una escalera en una casa
vacía.
Dentro, tal vez, de lo que temo
estabas antes mirando, mirándome volver
la cabeza de miedo. Te sé
apenas en la orilla
de una antigua claridad, fijada
en esa última luz de la ventana, reunida
en el resplandor angosto de un peldaño
con el que sólo quiero aún
llegar a ti, tomar tu mano
al final de la escalera
y decirte, con este viejo lenguaje,
que ha sido tan grande el miedo
como el amor por ti, desconocida.
El lienzo
No puedo saber
cuánto hilo le faltará a mis manos
para terminar esta tela.
Creo que ha sido la blancura
su tenue vocación y su misterio.
La trama no es más profunda
que el azar de su dibujo
y la solitaria fe que cifra el ritmo
de mis manos a la urdimbre.
Quizás esta tela es toda para el viento,
vela para un largo viaje en la inmensura
de un lento mar que llama, lejos.
Los fantasmas
el arte de olvidar comienza recordando
alúmbralos escúchalos una vez más
devuélveles un cuerpo
a tus fantasmas
esa demorada forma de decir adiós
a lo que fue y amaste y ha brillado
con su huella imperfecta pero firme
en el recuento de las cosas
que guardarías como un tesoro
hay que amarlos hasta que se vayan
mirarlos hasta que desaparezcan
oírlos hasta que el silencio
detenga al fin su corazón
herido todavía de palabras
pudieran ser a través de tu llegada algo que no se ha ido
del todo o un mendicante
amor que ha extraviado en alguna encrucijada
su camino de regreso
o sólo cierta vieja luz
que por momentos vuelve
no huyas de ninguno
recuerda que todos como tú mismo están de paso
dales audiencia y justicia
con la misma dignidad que a los vivientes
pues si los ignoras
habitarán tus actos
porque también forjan los eslabones de tu miedo
déjalos alumbrarte desde su ausencia
acaso el itinerario de vivir
requiere presenciarlos
y ellos son la mitad de su belleza
y ten en cuenta que el arte de aprender
también comienza recordando.
Noticia de los dispersos
En una equivocada edad donde caminan
los dispersos los que no han abierto
su verdad al mundo aún al resuello como el hilo
de lo que todos saben y no han dicho
perduran o perseveran en lo limpio los dispersos
en la desigualdad del orden donde guardan
como la sed como la musitante sed su avinagrado día
en ese digno
afán con una cifra
en la orilla de los números del mundo
Miserables los dispersos reiteradamente juntan
cuatro cosas y el alegre respirón de un aire viejo
se saludan
se sospechan
en la brusca memoria del amor
o la palabra (cualquier gesto)
los agrupa
o no los borra no los cuenta no los cita
pero los retiene
convidados de piedra confundidos en todo
casi se pierden
casi se dan por omitidos unos a veces
y apagan con los dedos una llama
escriben en la arena dicen que son niños
soplan en el polen transparente
y se ríen
pasan con su piedra antigua rotan como soles
se despiden se cansan se impacientan
los dispersos
Unas veces no
los hallaremos más nadie dirá petrificados
sus jardines su corazón sus herramientas
su triste manera de mirar algo tan lejos
muy algo tan lejos
Qué raros son
los dispersos
a nadie le gusta tenerlos demasiado tiempo cerca
parecen ácido o luz
queman o incomodan no sabe uno qué hacer con ellos
abre la puerta
deja que salgan
toma gracias adiós
y que dios
te cuide
pero no vuelvas
Ruido en el corazón
de los dispersos
eso
debe pasar porque enmudecen
gritan cantan
sufren se despiertan
porque se van a pie distancias
que bien pensado nadie quiere caminar
y no se cansan sólo se mueren a veces
porque en su respiración hay un zumbido que parece canto
una razón que no los deja vivir que no los deja quedarse
y cómo hacer cómo decirles
que ya no
hay casi lugar
en esta celda para ellos.