Hacia la Selva Negra

Por Francisco Ruiz Udiel
A Eddy
Una puerta se abre en la garganta de los gansos. Sus graznidos, secos, anuncian que estamos en Selva Negra, un complejo turístico en Nicaragua cuyos propietarios son Mausi Kühl y el escritor nicaragüense Eddy Kühl. Se trata de una finca ubicada en el kilómetro 140 de la carretera que va de Matagalpa hacia Jinotega, y que alberga a más de 200 especies de pájaros, al Museo Nacional del Café y a una naturaleza de montaña virgen y exuberante.

Desde la orilla del camino hasta la entrada de la finca empieza un viaje poético. La luz entra por la cúpula de los espadillos, plantas similares a las piñuelas. La luz dibuja su forma hiriente en las alargadas hojas de las drácenas, y es como si quedara impresa una senda que nos dice: “allá está la tierra, allá el paraíso”.

Al llegar a Selva Negra inmediatamente confirmo algo: una persona que viva allí, no puede ser una mala persona. Tanta belleza terminaría humanizándola. Más adelante, antes de llegar a las cabañas, los cipreses escriben su tristeza sobre el viento, se balancean, murmuran, ¿qué dirán los cipreses allá arriba? ¿Qué luto guardan todavía?

Frente a las cabañas hay un estanque, una laguna que se nutre por pequeños riachuelos. Los gansos nadan apaciguados y cuando salen del agua, caminan con lentitud obesa, con sus picos letales y erguidos tal si fueran hacia un enfrentamiento chino.

En la madrugada el cielo baja al estanque a tomar agua. Es la bruma espesa penetrando la montaña, la bruma absorbiendo restos de la noche. La bruma apacible e intocable que nos deja en silencio.

En el estanque un nenúfar saca sus circulares hojas, una flor de loto emerge, solitaria y con frío sobre el agua. Lirios circulares, lirios mortales de diversas formas. Al otro lado del estanque los árboles nos observan, árboles camuflados llamados areno blanco y más acá, una escalinata que nos lleva a una capilla por donde inician las caminatas hacia el interior de la montaña.

En el techo de la capilla crecen orquídeas, plantas, los pájaros llegan a hacer sus nidos. Es una capilla que permanece abierta. Según Eddy Külh, durante la noche llegan venados, caminan hacia el altar, comen mariposas y cuando nadie los ve (diría el poeta salvadoreño Roque Dalton), entonces vuelan.

Hacia la capilla hay también pequeñas lámparas sembradas en la orilla. ¡Ay lámparas tristes del sendero! ¿Hacia dónde nos llevan? El viento masculla algunas palabras: hacia la Selva Negra.
Visite Selva Negra de Nicaragua: http://www.selvanegra.com/

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