POESÍA Y CIENCIA

Francisco Ruiz Udiel

Este año fue declarado por la UNESCO como el Año Internacional de la Astronomía. Para celebrarlo, la Asociación Nicaragüense de Astrónomos Aficionados (ANASA - Carl Sagan) decidió impartir un curso básico sobre el funcionamiento del sistema planetario, estelar y galáctico.

Este taller, que comenzó a inicios de enero y concluirá a fines de mayo, es dirigido por el respetado científico nicaragüense, Dr. Jaime Incer Barquero, quien ha recibido múltiples premios a nivel internacional como el prestigioso National Geographic-Buffet Award for Leadership in Latin American Conservation a finales del 2006 y además, en suelo patrio merecidos reconocimientos como el del Centro Nicaragüense de Escritores en el 2007.

Para captar la atención, el Dr. Incer Barquero narra los conflictos acaecidos entre los inquisidores de la Iglesia Católica y Galileo Galilei, quien llegó a corroborar la teoría copernicana heliocéntrica, desafiando el canon que la Tierra era el centro del Universo.

Ante diversas tensiones, Galileo empezó a ocultar y a instilar sus descubrimientos por medio de anagramas o versos que consisten en la transposición de una palabra o frase que conlleva a otra idea.

Así, un pequeño verso en latín como “Haec inmatvra a me iam frvstra legvntvr” (Recojo en vano lo que no está maduro), es un anagrama que descifrado revelaría su secreto: “Cinthiae figuras aemvlatvr mater amorum”, que traducido al castellano significa: “La madre del amor (Venus) emula la forma de Cinthia (la Luna, nombre que usaban los poetas latinos para referirse a dicho satélite)”.

Las fases de Venus permitieron comprobar más tarde que eran los planetas, incluida la Tierra, quienes giraban alrededor del Sol. Además de tener ya una vida complicada, el científico italiano accedía a otro universo misterioso, el de la poesía.

Si para los escritores latinos Venus tenía reminiscencias poéticas, los científicos descubrieron, cientos de años después, que dicho planeta realmente está formado por 1,500 volcanes extintos y una atmósfera llena de dióxido de carbono y azufre. Por tanto, esa “estrella de la mañana” como le nombran algunos soñadores, no es más que una verdadera antesala del infierno, dice con sorna el Dr. Incer Barquero.

En todo caso, la imaginación surge a pesar del conocimiento establecido. Incluso la astronomía recurre a los nombres de las constelaciones otorgados por los griegos. El cielo resulta una crónica de la mitología, la literatura y la historia, y la ciencia no tiene inconvenientes en disfrutar sus relatos.

Pero también la poesía y la filosofía retoman la ciencia para sus anotaciones existenciales. El filósofo nicaragüense Alejandro Serrano Caldera, inspirado en el libro Historia del tiempo de Stephen W. Hawking, reflexiona sobre la muerte de las estrellas y dice en uno de sus textos más inspiradores: “El cielo estrellado, ¡oh paradoja!, es fosforescencia del pretérito, gotas de luz de un tiempo muerto, recuerdo de lo que ya no existe”.

Esta vinculación entre poesía y ciencia no es una observación nueva, mi intención es puntualizar sobre la importancia que tienen ambos destinos y la manera en que éstas se reafirman entre sí.

Existen otras alegorías poéticas, tal es el caso de Rubén Darío cuando confiesa haber tenido “hambre de espacio y sed de cielo” en un verso metafísico de su libro Cantos de vida y esperanza. Eso es lo que sucede cuando ambos misterios se unen, el cielo se vuelve un poema y la poesía termina por ahondar en sus cuestionamientos.

Me gusta quedarme siempre con una la frase del poeta salvadoreño, Jorge Galán, particularmente de su libro La habitación, donde asevera que “las estrellas son aves que bajan a morir”.

Y pensar que algunas cosas tienen que morir para dotar de sentido nuestra existencia, pero éste es otro misterio que ni los poetas ni los científicos han logrado resolver.

Para mayor información sobre las actividades durante el Año Internacional de la Astronomía, visite el sitio en línea www.anasa.org.ni

Este artículo fue ilustrado con un poema visual del mexicano Alfredo Espinosa.

2 comentarios:

  1. Francisco, habría que analizar también el "Cántico Cósmico" de Ernesto Cardenal. Esa obra está elaborada a partir de las leyes de la termodinámica. Por lo demás, muy interesante tu artículo.

    Saludos
    Cristian González

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  2. Saludos desde Costa Rica hermano, buen trabajo y exelente articulo... hay un ligamen también interesante entre la poesía, la música y la teoría de las cuerdas...

    Un abrazo

    www.olmandenicoya.blogspot.com

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Sitio oficial del escritor nicaragüense Ulises Juárez

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