CLARIBEL ALEGRÍA, SU CANTO

Francisco Ruiz Udiel

El Día Mundial de la Poesía 2010, por el capítulo de Nicaragua, fue dedicado a Claribel Alegría, a través de una jornada poética realizada del 15 al 20 de marzo. El siguiente texto fue leído a los invitados que asistieron a la celebración.

No necesita que la nombren como referente o canon literario. Ya lo es y no gracias a los académicos, sino a la gente que busca su poesía por estricta necesidad. En una ocasión Julio Cortázar la llamó “mi jefita querida”, el guatemalteco y Premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias, la llamó “poeta por los cuatro costados del cielo” y finalmente el intelectual y político mexicano José Vasconcelos la bautizó como “Claribel”. En Nicaragua los lectores, los seres humanos de la vida cotidiana que buscamos sus palabras para embalsamar heridas, la hemos llamado “Su Majestad”.

La poesía cuando es buena se vuelve mito y es lo que ocurre con la obra de Claribel Alegría, una mujer que en su búsqueda escribe y reflexiona sobre los desasosiegos de nuestro tiempo, sobre el amor y temas perturbadores como la muerte y la otredad, imagen que busca en el espejo porque es el único que la entiende, según reza uno de sus versos. También nos habla sobre las injusticias, el American Way of Death, los guetos, las favelas, las guerras, la gente humilde y acerca de “Santa Ana a oscuras”, ciudad que la vio crecer en El Salvador.

Del 15 al 20 de marzo, tras dedicarle a Claribel el Día Mundial de la Poesía, por el capítulo de Nicaragua, y como iniciativa del Centro Nicaragüense de Escritores, recorrimos varios institutos públicos y Universidades. La pregunta que hacen los niños, adolescentes y jóvenes es de quién se trata este homenaje.

Además de la descripción que brinda la poeta y escritora sobre sí misma en Datos personales donde dice tener “metro cincuenta de estatura” y “ojos color castaño”, para poder responder leímos su obra poética en diversos lugares. Un tema que ella trata con ahínco, y que nos acompañó en esta jornada, fue el amor. En uno de los poemas Claribel pronuncia: “Quiero hablarte de amor / de nuestro amor / de los diversos hilos / de su trama / del amor que se toca / y es herida / y que también es vuelo / y es vigilia”.

Estas líneas fueron escritas en las cercanías de la Catedral de Notre-Dame de París, dedicados a Bud, su esposo, en una revelación que luego tituló “Aunque dure un instante”. Otro verso melancólico refiere: “Digo amor y me lacera el cuerpo el desamparo”. También llega a confesarle a Bud que “Todos los que amo / están en ti / y tú / en todo lo que amo”. La autora de “Saudade” también revela su búsqueda cuando dice: “Son altas las columnas de mis sueños” y en el mismo poema Datos personales, tras sus palabras, nos imaginamos a unos agentes de aduanas revisando su equipaje, quitando sellos, candados y analizando sus documentos con rayos equis. Uno de los agentes -quien posiblemente jamás ha recibido un abrazo, y eso uno lo sabe por la forma rígida en que saludan los seres humanos-, acerca su oído a una de las maletas y escucha el sonido de una rama o algo que se desprende de una rama. Levanta sus malogradas cejas y dice: “Aquí algo anda mal, señora”. Con la certeza que está a punto de revelar algo insólito y seguramente lo ascenderán de puesto por su descubrimiento, mira a su compañero y pregunta una vez más qué será. Tras muchas horas de incertidumbre abren las maletas y ahí está, agitándose, lleno de colores, altivo y subiendo en espiral. Es un canto insondable que penetra en la mirada de aquellos hombres tristes. El canto perturba a los agentes y éstos no saben qué hacer. Entonces, derrotados, sabiendo que no existen trámites para las extravagancias, lo dejan salir, lo dejan ir. Hoy Claribel Alegría está con nosotros, su equipaje es su corazón. Su poesía es su canto. Leamos atentamente, algo quiere decirnos.

Aunque dure un Instante

A Bud

Ahora
mientras el río de obsidiana
nos refleja
quiero hablarte de amor
de nuestro amor
de los diversos hilos
de su trama
del amor que se toca
y es herida
y que también es vuelo
y es vigilia.
Sin él
el verde de las hojas
no tendría sentido
ni el farol de la calle
iluminando el agua
ni la imagen ondeante
de la iglesia.
Mi amor es la escudilla
en la que tú dejaste una moneda
la moneda tañéndome que existo
la trenza que forjan las palabras
el vino
el mar desde la mesa
los malentendidos
los días
en que nos damos cuenta
que ya no somos uno
que estamos alejados
irremediablemente.
Ayer
desde mi exilio
inventé que llegabas.
Salí del hielo
espanté pingüinos
desplacé a las estrellas
acechando tu desembarco.
Quería ayudarte a plantar banderas
celebrar de rodillas
el milagro.
Ahí quedé
con mis señales.
¿Te sorprende mi vértigo?
Estoy hablando de eso:
de la alegre punzada
de saber que sí
que de pronto es verdad
que no estoy sola
que estamos juntos bajo el árbol
con mi mano en tu mano
que nos refleja el río
que ahora
en este instante
en este ahora
aunque dure un instante
estás conmigo.

De “Vía única” (1965), incluido en la antología "Ars poética" (Leteo Ediciones)
Pie de foto: Claribel y Francisco Udiel. Fotografía por©Rodrigo Castillo Salaverry

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