Francisco Ruiz Udiel
Cuando en Nicaragua escuché recitar el poema Definitivamente jueves, al poeta Waldo Leyva (Cuba, 1943), me llamó la atención lo misterioso y profético que pueden ser las palabras dichas en la voz de alguien que conoce el oficio al que se dedica. Definitivamente jueves es un nombre con un poderoso magnetismo, a tal punto que en Puebla, México, en el periódico El Columnista, bautizaron un suplemento cultural con dicho título.
El poema detalladamente lo pude contemplar una mañana a finales de abril de 2008, cuando Waldo se presentó en el Instituto Bello Horizonte, de Managua, vestido de blanco, con su cabellera de viejo sabio. Le acompañaba entonces la poeta italiana Zingonia Zingone.
Llegó a la hora del recreo y eso dio pauta para que algunos niños lo rodearan. ¿Vienen a vacunar?, preguntó un pequeño, y señalaba a otros que se escondían en el baño, acosados quizá por el trauma de las inyecciones.
Después del recital, Waldo me confesó cuándo y cómo surgió la idea del poema, en qué momento sucedió la dehiscencia. Referirlas en estas líneas privaría el sentido y el efecto de la creación. Quizá algunos digan que el 21 de agosto del año dos mil diez, no sea definitivamente jueves, pero en La distancia y el tiempo, libro donde se imprimieron estos versos, sí lo es.
DEFINITIVAMENTE JUEVES
Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde, como es hoy,
pases desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si estoy, pregunta, y si no existo,
o me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo,
pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel
el corazón
las ganas de vivir.
Leyva, W. (2005). La distancia y el tiempo -1967-2001.
México: Editorial Verdehalago.
Waldo Leyva obtuvo este año, en España, el X Premio Casa de América.
Hola, Francisco:
ResponderEliminarTuvimos oportunidad de conocernos brevemente en el festival de poesía de Costa Rica del 2009, a través de Juan Carlos Olivas.
Pues bien, encontré el blog, pasaba a saludar y además me encuentro de entrada con este buen poema.
Saludos,
Gustavo